La verdadera finalidad sólo se da cuando, en contraposición a la relación entre causa y efecto. Esto sólo tiene lugar en los actos humanos.
En el proceso hay que distinguir entre la percepción y el concepto. La percepción de la causa precede a la percepción del efecto; causa y efecto quedarían simplemente uno al lado del otro en nuestra conciencia, si no pudiéramos unirlos mediante los conceptos correspondientes. La percepción del efecto tiene que seguir siempre a la percepción de la causa. Si el efecto ha de ejercer una influencia real sobre la causa, sólo puede efectuarlo a través del factor conceptual. Pues el factor perceptual del efecto simplemente no existe antes del de la causa. Sólo podemos observar una influencia perceptible de un concepto sobre otra cosa, en los actos humanos. Sólo en este caso es aplicable el concepto de finalidad. El concepto de finalidad válido en el actuar subjetivo es un elemento apropiado para este tipo de relaciones imaginarias.
El hombre ingenuo sabe cómo ejecuta un hecho, y de ahí deduce que la naturaleza también ha de actuar así. El ser humano hace sus herramientas de acuerdo a su finalidad; para el realista ingenuo el Creador construye los organismos según el mismo método. Poco a poco va desapareciendo de la ciencia este falso concepto de finalidad. En la filosofía aún sigue causando bastante daño, se plantea el problema de la finalidad externa del universo, etc.
El monismo busca las leyes de la Naturaleza, pero no los fines. Los fines de la vida que el hombre no se impone a sí mismo son, desde el punto de vista del monismo, suposiciones arbitrarias. La vida humana sólo tiene la finalidad y el destino que el hombre le da. La misión del hombre en la vida, el monismo sólo puede replicar: la que él mismo se proponga.
Los partidarios del concepto de finalidad creen que si renuncian a él tendrán que renunciar también a todo orden y concordancia del mundo.
La finalidad es una coherencia de percepciones con respecto a un todo. Rigen leyes (ideas) que descubrimos por medio de nuestro pensar. En la Naturaleza, no se encuentran conceptos que operen como causas. Las causas sólo se presentan en la Naturaleza en forma de percepciones.
El dualismo puede hablar de la finalidad del mundo y de la finalidad de la Naturaleza. Al monismo le falla la base para suponer una finalidad al mundo y a la Naturaleza, al excluir al ser universal absoluto no perceptible, sino sólo deducido hipotéticamente.
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